martes, septiembre 19, 2006

Trio

Los brazos de Jôrzy se apretujaban con velocidad mientras el vaivén de aire sonoro se despedía con furia de su abrazo negro, abrazo de aire que le recordaba al último que había dado a su familia antes de partir a Polonia. Ese sabor tenía esta música para él, y por esa razón había abandonado el cello en busca de la alegría de algo más familiar. La canción se vuelve tranquila, pero alerta. Danko golpea el cartón arrugado de su cubo con los dedos mientras mira pacientemente el soplido de Jôrzy que busca volver a entrar en el baile de los ostinatos del trío. Mientras la intensidad sube, él se acuerda de las caras de sus padres en el aeropuerto, los pañuelos transparentes en llanto, la promesa de un cercano reencuentro, los besos tras el grueso vidrio, las manos marcadas en el reflejo de los ojos vidriosos.

El silencio invade la sala, los tres músicos toman aire, cuentan una blanca y prosiguen, parecen tres viejos hablando del colegio, pero no con sus labios sino con sus brazos. Cada apretón se hace más fuerte y Jôrzy siente cómo se empieza a abstraer de lo que hace, mientras la melodía se acerca a su clímax. Escribió dos canciones en serie para rememorar dos momentos que marcaron su vida de adulto. Estaba terminando de sonar la primera y empezando a acercarse el inicio de la segunda, mientras él pone sus dedos en los botones perlados y su mentón en la parte superior de su instrumento, emulando el eco lejano de una gaita, una que escuchaba en la mañana con el olor a café y a madera mojada de su antigua casa, todo sumado al eco de su casa que lo obligaba a recorrer su memoria en este instante, recorrer la soledad, las paredes húmedas y las telarañas que vio cuando, años más tarde, llegó de vuelta a su hogar. Abrir la puerta y ver todo vacío, un momento con música en la mente, que pasaba a través de sus dedos al público.

Los tres miran a través de la cortina de luces que los encandila y calienta el ambiente y que pareciese no entender lo que escucha. Puede ser. Quién puede entender a alguien que un día sale de su casa para tocar cello y vuelve años más tarde con un acordeón en la maleta, el instrumento oscuro que hoy día grita la historia de este hombre, modificada en el tiempo como las corcheas y los silencios son a su música, los silencios que encontró cuando llegaba a su casa y vio todo vacío, vació su corazón en llanto y las corcheas lo hicieron entender que jamás vería a su familia de nuevo tras la guerra.

Ahora la melodía se torna menor séptima y Jôrzy camina hacia el refrigerador en su viaje mental, observa el papel con un “Perdónanos hijo” afirmado contra un imán con forma de pera en la puerta. Los acordes finales colorean los oídos de los espectadores con sus notas fuertes, se pasean por todo re mayor, mientras los intérpretes se acuerdan de la primera vez que se conocieron, cuando vieron un tipo con un acordeón sentado en el aeropuerto llorando. El resto se fue en vida.

Las canciones, el trío de acordeones y la razón por la que están sentados tocando es una sola. Los acordeones se callan, se escuchan los aplausos y los músicos reverencian al público. Las luces se apagan y el escenario vuelve a morir, junto con el corazón y los recuerdos de Jôrzy.

Basada en el tema:
Motion Trio - Stars

lunes, abril 03, 2006

Mi Padre y Mi Madre

Hace muchos años, lejos de toda la avalancha humana, dos personas decidieron escapar y hacer su propia vida, construir todo con sus manos y de ese modo ir formando un castillo de emociones y amor que se fortaleciese con el tiempo. Pero como todo castillo, fue atacado. Vinieron las plagas, la envidia y el ocio y corrompieron los nobles cimientos de tal majestuosa fortificación. Sus habitantes habían perdido la fe y de sus ilusiones solo quedaban recuerdos. Entonces decidieron emprender rumbos separados para olvidar las desgracias ocurridas ese fatídico día. La primera persona, llamada “1” decidió escapar a los valles, a lo verde, lugares donde pudiese sentirse protegida y no observada. La segunda, cariñosamente llamada “2” emprendió rumbo hacia el norte, llegando así a una zona de muchas precipitaciones y frío, donde solo el mas osado de los hombres pudiese ir a buscarlo, si así lo deseaba. Pero nadie se preocuparía por ellos, no ahora. Tarde sabrían que su romance disuelto tendería a reencontrarlos, bajo otras circunstancias, pero eso es algo que todavía no aparece en nuestra historia.

Recordemos a nuestro “1”. Llegó a una ladera limpia y amplia, y decidió que en ese lugar levantaría su casa. Comenzó a imaginarse las puertas, las ventanas, todo lo que daría los cimientos a su nuevo mundo, o casa, que para este caso da igual. Supe por ahí que era de hierro, pero pueblerinos siempre hablan de ella como un palacio de piedra. Cualquiera sea su composición comenzó a adornar pacíficamente los alrededores con su presencia, dentro de todo el caos reinante. Los hombres que vieron su construcción no están ahora para darnos detalles, pero juro que es así, mis sueños son mis testigos. Nuestro personaje “2” construyó su casa con las emociones que lo rodeaban y decidió darle a su casa la capacidad de la vida, como cualquier ser, si así se puede decir. Su mundo cristalino reflejaba todo lo que lo iluminaba y lo hacía parecer un hermoso espectáculo para quienes alguna vez lo soñaron o, en busca de una respuesta, con él se encontraron. El tiempo siguió su curso, impasible hasta que sólo quedaron estas dos casas, mundos para algunos. Sin embargo, ese mismo tiempo hace que las cosas tiendan al equilibrio, y las cosas se fueron semejando cada vez más. El palacio iba suavizando sus esmaltados bordes buscando la perfección que su hermano poseía. Lo que ocurrió después nadie lo sabe más que ellos. Fue un hecho memorable, doloroso pero sin duda fantástico. Las casas se expandieron tanto y a tal velocidad que chocaron. No dan detalles del espectáculo pero sus creadores pronto notarían que eran parte de una misma persona. Dos máscaras, dos cualidades que aparentemente no tenían relación de pronto la hallaron en la inmensidad del mudo observador del universo. Luego de la colisión sobrevivieron ambas casas, pero deformes y no identificables. Una era de piedra y la otra era de vida, pero de ninguna manera poseían las formas que antemano ostentaban. Sus futuros eran inciertos, pero el gran creador sabía que, de aquel romance apasionado, saldría su creación máxima.

Un dueño y su perro. Una tierra y una luna. El palacio que adorna las noches del mundo con vida observa, sin perderle la vista, lo que pudo crear pero no supo cómo.

lunes, marzo 27, 2006

Lo

- Ah, es un Grand D'Orr, al parecer del siglo XVII
- Si, pero uno bastante particular... mire
(se escuchan pasos, una cortina que se corre y un grito de asombro)
- P...p... pero no es posible! eso no debería pa...
(un grito, cosas húmedas que caen al suelo y algo pesado que se desploma)

Días después, circula en los periódicos la foto del coleccionista perdido, que con cara de felicidad se encuentra en el living de su casa sonriendo frente a sus pertenencias que tantos años le costó coleccionar. Nadie sabe de él, y probablemente nunca lo sepan. Estar en otro país, sin nadie conocido, es así de triste. Tan triste como que los periodistas se preocupen de encontrar a alguien, pero nadie busque.

El Grand D'Orr es un ejemplar único. Cada uno presenta características que lo hacen completamente diferente, inclusive uno de otro. No obstante, se reconocen siempre por su resplandor plateado característico, casi angelical. Estas obras del ocultismo antiguo han pasado por tantas manos, tanta energía han tomado, que casi piensan por sus medios. Casi, porque sin alma están condenadas.

- Disculpe, es aquí cierto?
- Si, pase. Está al fondo.
(pasos acelerados, una lámpara vieja ilumina la sala)
- Mmm... descúbralo sólo cuando yo le diga.
(se escuchan muchas gotas caer, como una lluvia)
- Prepárese!!...
(el sonido opaco de muchas campanas se hace cada vez mas ensordecedor)
- Está tomando forma, no todavía...
(se escuchan crujidos en los muros de concreto medievales, ruidos de miles de personas corriendo, y un bebé llorando a lo lejos)
- Ahora sí, descubra la cortina!
(luz... millones de voces gritando algo en latín y transformandose en llantos de niños)
- ...
- Voy a buscar una escoba mejor.

viernes, marzo 24, 2006

La risa

El ratón de la esquina tomó un arma chica, chica como para mano de ratón y dedos ratoniles sucios. Caminó en dirección oeste, hacia la panadería de Don Fermín.

"No. Ahora No."

Un disparo de ratón, y una vida nueva de ratón había nacido.

miércoles, marzo 22, 2006

El número que sonríe

Miré hacia mi izquierda. El espejo caído reflejaba lineas discontinuas corriendo con sus patitas locas por mis ojos, huyendo de mi auto. Traté de enderezarlo, tomé fuertemente el volante para no azotarme contra los muros.

Por suerte resultó y nadie salió herido.




Anduve tranquilo un par de metros más.


Vi un foco fuerte. Un instante de ceguera.
Alguien que iba contra mi.

Un gigante blanco con verde.

Me tomó, me levantó y fui a parar a lo que cuestioné gran parte de mi vida
(y mis clases de filosofía).

Lo último que recuerdo que pasó por mi cabeza
fue el 650 de la micro que kamikazemente se tiró contra mi.

(si, es pésimo)

martes, marzo 21, 2006

Fotografías de Verdad.

Todo. Al fin, después de años
lo tengo todo conmigo
exitoso, una linda pareja
salud, dinero y amor
tal como me imaginé que sería mi vida
cuando estaba en el colegio, en la universidad,
en el trabajo.
La felicidad me ha colmado a tal punto
que quienes se juntan conmigo se vuelven felices
así es, como una osmosis de felicidad.
Ahora, lo único que me falta es
hacer de mi vida como una película
ya estoy viviendo una fantasía
y no quiero que se acabe.
Tomo mi cuerpo, tomo mi ropa
tomo mis anteojos de sol
y mis documentos.
Me subo. Apreto el número más alto.
La música ambiental se congela.
Salgo, camino, respiro, salto.
Tiro mi cuerpo.
Veitiocho pisos.
Dicen que antes de morir
tu vida se congela, pasa delante de tus ojos
como una película, y entonces ves negro.
Mi vida se congeló antes de llegar abajo.
Una fotografía, pero de verdad,
con todos mis momentos felices en ella.



Así da gusto vivir.

Sonría, lo estamos filmando

Me encanta sentir el cariño de la gente. Por eso nunca sonrío, no respondo cuando me preguntan y miro con desprecio. Esa calidez hogareña de mi rostro llama a un cálido saludo y un abrazo estrecho que emanan pura energía solidaria!

Ojalá que nadie lea esto.