lunes, abril 03, 2006

Mi Padre y Mi Madre

Hace muchos años, lejos de toda la avalancha humana, dos personas decidieron escapar y hacer su propia vida, construir todo con sus manos y de ese modo ir formando un castillo de emociones y amor que se fortaleciese con el tiempo. Pero como todo castillo, fue atacado. Vinieron las plagas, la envidia y el ocio y corrompieron los nobles cimientos de tal majestuosa fortificación. Sus habitantes habían perdido la fe y de sus ilusiones solo quedaban recuerdos. Entonces decidieron emprender rumbos separados para olvidar las desgracias ocurridas ese fatídico día. La primera persona, llamada “1” decidió escapar a los valles, a lo verde, lugares donde pudiese sentirse protegida y no observada. La segunda, cariñosamente llamada “2” emprendió rumbo hacia el norte, llegando así a una zona de muchas precipitaciones y frío, donde solo el mas osado de los hombres pudiese ir a buscarlo, si así lo deseaba. Pero nadie se preocuparía por ellos, no ahora. Tarde sabrían que su romance disuelto tendería a reencontrarlos, bajo otras circunstancias, pero eso es algo que todavía no aparece en nuestra historia.

Recordemos a nuestro “1”. Llegó a una ladera limpia y amplia, y decidió que en ese lugar levantaría su casa. Comenzó a imaginarse las puertas, las ventanas, todo lo que daría los cimientos a su nuevo mundo, o casa, que para este caso da igual. Supe por ahí que era de hierro, pero pueblerinos siempre hablan de ella como un palacio de piedra. Cualquiera sea su composición comenzó a adornar pacíficamente los alrededores con su presencia, dentro de todo el caos reinante. Los hombres que vieron su construcción no están ahora para darnos detalles, pero juro que es así, mis sueños son mis testigos. Nuestro personaje “2” construyó su casa con las emociones que lo rodeaban y decidió darle a su casa la capacidad de la vida, como cualquier ser, si así se puede decir. Su mundo cristalino reflejaba todo lo que lo iluminaba y lo hacía parecer un hermoso espectáculo para quienes alguna vez lo soñaron o, en busca de una respuesta, con él se encontraron. El tiempo siguió su curso, impasible hasta que sólo quedaron estas dos casas, mundos para algunos. Sin embargo, ese mismo tiempo hace que las cosas tiendan al equilibrio, y las cosas se fueron semejando cada vez más. El palacio iba suavizando sus esmaltados bordes buscando la perfección que su hermano poseía. Lo que ocurrió después nadie lo sabe más que ellos. Fue un hecho memorable, doloroso pero sin duda fantástico. Las casas se expandieron tanto y a tal velocidad que chocaron. No dan detalles del espectáculo pero sus creadores pronto notarían que eran parte de una misma persona. Dos máscaras, dos cualidades que aparentemente no tenían relación de pronto la hallaron en la inmensidad del mudo observador del universo. Luego de la colisión sobrevivieron ambas casas, pero deformes y no identificables. Una era de piedra y la otra era de vida, pero de ninguna manera poseían las formas que antemano ostentaban. Sus futuros eran inciertos, pero el gran creador sabía que, de aquel romance apasionado, saldría su creación máxima.

Un dueño y su perro. Una tierra y una luna. El palacio que adorna las noches del mundo con vida observa, sin perderle la vista, lo que pudo crear pero no supo cómo.